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Culto.latercera.com: King Crimson entra al Olimpo


Expertos califican su visita como uno de los mejores shows que ha pasado por Chile.

 

El célebre grupo de rock progresivo actuó por primera vez en el país este fin de semana y por partida doble, con presentaciones el 12 y 13 de octubre en Movistar Arena. Acá, un grupo de críticos evalúa su actuación, ubicándola entre lo más destacado que ha tocado suelo chileno.

King Crimson debutó este fin de semana en Chile, con dos ovacionadas presentaciones en el Movistar Arena, donde repasaron los mejores pasajes de sus 50 años de trayectoria.

Pero no sólo eso: muchos de los asistentes quedaron asombrados por el nivel artístico desplegado por la banda inglesa. Las críticas de gran parte de los medios fueron igual de elogiosas y entusiastas.

Por eso, la pregunta es lógica: ¿es el show de King Crimson uno de los mejores que ha pasado por el país y se instala en el Olimpo de lo más legendario de la cartelera nacional?

Aquí, periodistas de música, locutores radiales y críticos del área responden.

  • Francisco Ortega / Periodista y escritor

Lo digo y con mayúsculas, es el mejor concierto que ha pasado por Chile. Que no es lo mismo que el mejor show, que es otra cosa. Como concierto King Crimson dio clases, fueron tres horas (seis en total) de rock interpretado en formato de música clásica, sin necesidad de luces o pantallas, música por música. Rock de cámara, creo que es la definición perfecta; quizás por eso me hubiese gustado más un lugar más chico, un teatro municipal por ejemplo, para escuchar y ver de cerca como tocaba el ensamble. Rock pesado, progresivo, vanguardia, jazz, avant garde, lo de Crimson va a ser difícil de superar, fue un viaje por cincuenta años que sonaban a puro futuro. La experiencia King Crimson en vivo es un ritual, una misa instrumental, que fascina y aterra. Difícil que vuelva a verse algo así de nuevo, incluso si Crimson vuelve en una 22 encarnación.

He visto a casi todas las bandas de prog rock que han pasado por Chile, desde ELP el 92 hasta el show íntimo de Steve Hoggart de Marillion de julio, o a Muse de ayer, pero lo de Crimson fue otra cosa, superar límites, ir más allá, progresar en el origen mismo de la palabra. De verdad los que fuimos, somos muy afortunados. El puñetazo Crimson se va a quedar mucho rato marcado en la cara. En twitter me hicieron bolsa, pero honestamente creo que los quince minutos finales con 21st Century Schizoid Man fueron por si solos, el concierto de heavy metal más pesado y denso que hemos oído, con perdón de todas las leyendas del metal que hemos visto antes. Claro, me hubiese gustado un Sleepless o más de la época Discipline/Beat/ThreeofaPerfectPair pero es quejarse de lleno.

  • Matilda Svensson / Locutora radio Futuro

Sin duda es uno de los mejores conciertos que hemos tenido en Chile. Comenzando por el valor de vivir el debut de una leyenda viva, que celebró 50 años de su primer disco, que por sí solo representa “los diez mandamientos” del rock progresivo y de vanguardia.

En vivo, la banda puso su repertorio al servicio de la música, demostrando no solo la genialidad del tímido Robert Fripp desplegada en interacciones complejísimas en y entre canciones sino también dejando fuera distracciones posibles, como juegos de luces, humo o imágenes, ya que la espectacularidad de la música bastó.

Fue un concierto muy distinto a lo que estamos acostumbrados, con tres bateristas al frente, dejando claro el valor de la rítmica impredecible en el progresivo. Tres baterías aportando cada una un matiz distinto, con una precisión fuera de serie y un diálogo que nos dejó a todos hipnotizados, especialmente destacado Gavin Harrison, de lo mejor en el mundo.

Toda la nostalgia de un histórico Mel Collins en vientos y flauta traversa, que transportó rápidamente el Movistar Arena otros tiempos.

Y Robert Fripp, un misterioso caballero, quien dirigía tras su guitarra y mellotrón, en un silencio vigilante y maestro cada movimiento en escena.

Sin duda una banda única, inclasificable, de excelencia absoluta

  • Claudio Vergara / Editor Espectáculos La Tercera

De todas maneras califica entre lo más deslumbrante que ha pasado por la cartelera chilena de conciertos. Básicamente porque confluyeron al menos tres conceptos que habitualmente se asocian con un espectáculo memorable: la excelencia técnica; la emotividad en su vínculo con el púbico; y ciertas características que le confieren un aire único, irrepetible, casi místico.

En lo técnico, más que sólo un recital, me pareció una experiencia, una suerte de viaje sin muchas escalas entre sonidos, texturas, atmósferas, lenguajes y acentos, con el trío de bateristas como eje esencial, en un tándem que no sólo dialoga en sincronía perfecta, sino que también genera minutos de tensión, de desborde, de elegancia y de demencia. El cierre, con el clásico 21st century schizoid man, es sencillamente un trance envolvente del que cuesta zafar.

En lo emotivo, el paisaje era estremecedor: muchos fanáticos veteranos, quizás con muchas millas de conciertos en el cuerpo, genuinamente asombrados y emocionados con lo que estaban viendo; el rock, ese género que parece cada vez más predecible y retrógrado, aún guarda capítulos sorpresivos cuando ya creías que habías visto casi todo.

Y en lo último, la decisión de prohibir celulares completó el cuadro. Por momento, mirabas el Movistar Arena y era un solo gran espacio a oscuras con gente atesorando ese instante sólo con su mirada, como una feligresía en contacto directo con su divinidad, sin pantallitas ni luces que obstaculizaran el ritual. Sobre el cierre, en platea alta, algún fanático quizás ya no pudo más y se le ocurrió prender su celular, siendo interceptando por un láser gigantesco y fluorescente con que un encargado lo apuntó desde el sector de cancha: justo sonaba 21st century schizoid man, ese tema que hace 50 años intentó olfatear las paranoias y los traumas del hombre de esta centuria. Hasta en eso el concierto fue sincronía plena e inolvidable.

  • María de los Ángeles Cerda / Escritora, experta en música

Sigo en Facebook a varios grupos de rock progresivo, principalmente de México y de Europa, donde mencionan sus experiencias viendo en vivo a King Crimson. Muchos los adoran, otros cuestionan la presencia de los tres bateristas, la consideran exagerada.

Fui con ese cruce de ideas al concierto del sábado, pero apenas iniciaron el show, todo eso se disipó. King Crimson se encarga de crear un momento único, donde la música y la experimentación prevalecen. La banda siempre ha sido considerada de vanguardia: indagan en sonoridades incómodas y ahora en una alineación que causa resquemor en el público pero que prueba que los músicos sirven a la música y no al estrellato.

Los tres bateristas cumplen un rol definido en esta formación y no se aplastan, se complementan. Gavin es el metrónomo, Pat es el dueño de la percusión, y Jeremy es el que aporta el feel más jazzero. Eso, junto a la personalidad inconfundible de Fripp y Levin, y la entrega de Jakko y Mel, conformaron una obra sin parangón. No hay otro show en vivo que se equipare a lo que se vivió este fin de semana con King Crimson.

  • Marcelo Contreras / Crítico de música

Lo que hizo King Crimson en Chile fue reafirmar ciertos principios que creíamos desaparecidos del rock, como una expresión artística elástica, intensa, en perpetua expansión, dialogante con otras vetas y desafiante en términos técnicos.

Lograron una forma de nostalgia que no tiene que ver con el efecto anestesiante de la retromanía, sino mediante premisas tan simples como comprometer al público en un espectáculo donde solo las canciones y su ejecución son el eje. Para ese efecto contribuyó muchísimo la prohibición de los móviles. No hubo necesidad de pantallas ni parafernalia extra, nada de distractivos. La música era el único lenguaje posible y en ese sentido la elocuencia de King Crimson fue sobrecogedora.

  • Héctor Aravena / Editor Rockaxis

La pregunta es súper amplia… Con respecto a lo técnico y dentro del rock, y podría incluir el jazz también, otro estilo que manejo bastante bien, creo que fue un concierto muy alto, de mucha jerarquía, de mucho sentido. Quizás solo comparable, aunque en un nivel más masivo, con Roger Waters: The Wall fue muy potente, y el tour de Us + Them fue muy alto, en cuanto a sonido, en cuanto a escenografía.

Evaluar un show no es solamente el tema sonoro, y en ese sentido el show de King Crimson es solo música. Esa es una característica sin duda muy definitoria, muy específica de King Crimson. Su show es solamente musical. Quizás pensando en un show solo musical, podría ser King Crimson uno de los más altos de la historia de Chile. Pero hay una reflexión ahí porque un show igual es otras cosas, es un espectáculo.

Creo que es uno de los más impecables, esa es la palabra, que hemos tenido la oportunidad de ver en Chile, de eso estoy seguro, pero hay muchas aristas para evaluar, no solo el aspecto musical. Es un show para gente muy fanática de la música, melómanos y músicos incluso.

  • Alfredo Lewin / Crítico de música, locutor Sonar FM

Sin duda, la verdad pura y dura, y no es retórica, los que tuvieron la suerte de ver a King Crimson este fin de semana fue uno de los espectáculos más importantes de nuestro tiempo por la significación de los 50 años de un disco debut tan relevante en el panorama del rock británico, de hoy y de todos los tiempos, el In the Court of the Crimson King, y la sensación de los 50 años de espera.

Argentina, país vecino, habían tenido la oportunidad de ver un show a mediados de los 90… Un concierto redondo con un epílogo memorable entre estos guiños al año 69, y el recordatorio de una pieza tan importante para la historia del progresivo, 21st Century Schizoid Man.

La puesta en escena, lo prolijo en la entrega de esta poliritmia, siete instrumentistas aportando con cada detalle, sonido. Todo el ingenio virtuoso, estas citas al jazz, siempre contrastaban con enorme sensibilidad, onda, belleza, un viaje que tal como las canciones de King Crimson, en esa composición como que sube y baja la intensidad, fue algo memorable. Una banda que todavía puede tocar con pasión, con fiereza y con los asistentes disfrutando concentrados en la performance. Nunca rock instrumental había sonado tan bien en un lugar tan masivo como el Movistar arena, que se convirtió en una especie de opera house por alguna vez.

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